Beautiful People (microcuento mano a mano con <a href="http://earful.bitako.com/archivo_20020501.html#20020510142740">Earful</a>)

ImagenAntes de que las ventas de Benetton se dispararan tras aquella inolvidable campaña de primavera de 2009, nadie hubiera creído que las polémicas vallas con modelos dismórficos pudieran tener algún éxito. Jóvenes de doce etnias distintas sonreían llevando las prendas de algodón del fabricante italiano, todos ellos con rostros o cuerpos deformados por afecciones congénitas o accidentes torpemente resueltos. La reacción de la crítica fue virulenta. Pero las cifras no mentían. Los consumidores habían emitido un mensaje, y nadie podía permitirse el lujo de ignorarlo.

Para la campaña de otoño-invierno de 2010, todas las firmas cosméticas y la mayoría de las marcas de “casual wear” se habían apuntado a la moda dismórfica. Si tenías síndrome de Crouzon y cierta gracia para moverte, podías desfilar a veinticinco mil dólares el pase. Si tu rostro estaba desfigurado por la neurofibromatosis múltiple o un aparatoso accidente de motocicleta, tenías sesiones de fotos aseguradas para toda la temporada. Las antiguas top-models, tras dos años de lucha por un nicho decente, se vieron forzadas a elegir entre el porno de bajo presupuesto, el abandono del sector, o las clínicas de desfiguración. El público había hablado. La gente estaba harta de verse fea, enfrentada a modelos de belleza inalcanzables. Los modelos dismórficos hacían que el consumidor corriente se sintiera bello. Era así de simple.

En 2012 los casos de trastornos alimentarios entre adolescentes habían descendido a un tercio de los niveles de 2008. Los escaparates de los establecimientos de moda estaban poblados de maniquíes deformados por los rasgos característicos de la acondroplasia o la hidrocefalia. Rostros acromegálicos incitaban a la compra de perfumes en las marquesinas de los autobuses. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, siempre perezosa para aceptar la innovación, no dio su primer Óscar a una estrella dismórfica hasta 2015, pero a partir de entonces era difícil conseguir un papel aceptable en Hollywood si no contabas, al menos, con una condrodisplasia aceptable. Los rostros vulgares sólo tenían lugar en algunos círculos del cine independiente.

A medida que los dismórficos se transmutaban en una elite privilegiada, la tendencia que les trajo al vértice de la pirámide social empezó a complicarse. Los jóvenes pasaron de verse satisfechos con su aspecto vulgar, a considerarse desgraciados sin las cicatrices bulbosas de la neurofibromatosis o las manchas características de la incontinentia pigmenti. Para detener la catastrófica tendencia de las autolesiones, la ciencia médica tuvo que perfeccionar y abaratar los procedimientos para deformar el cuerpo o el rostro sin comprometer la salud.

Afortunadamente, los excesos de la moda dismórfica han quedado atrás. La abrasión neonatal obligatoria del rostro con ácido nítrico ha traído consigo una verdadera democracia del rasgo. Libres del estigma de la belleza comparativa, desde nuestros uniformes rostros abrasados nos miramos en una nueva semejanza, una hermandad definitiva: la más reciente de las conquistas de nuestra civilización.

César Astudillo      2002-05-10 10:26 - antiguos

Comentarios

  1. Anónimo, 2002-05-10 10:41:
    Escribir esto debe haber llevado un buen trabajo de investigación sobre nombres de enfermedades…
  2. Outsider, 2002-05-10 10:56:
    No me costó tanto… Simplemente encontré esta joya de página.
  3. Cere, 2002-05-10 11:11:
    Supremo!!!! Me ha encantado. Sois la polla!
  4. Outsider, 2002-05-10 11:26:
    Cuando veo algunas fotos de piercings, me doy cuenta de que el tema del cuento no es tan absurdo después de todo…

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