La química del amor

ImagenDe acuerdo con un estudio referido en este artículo de abcnews, el ciclo del amor podría dividirse en tres fases atendiendo a la predominancia de distintos mensajeros químicos en nuestro organismo:

  • Durante la fase de lujuria, predominan las hormonas sexuales como la testosterona. Esta fase nos impulsa a buscar pareja activamente.
  • Durante la fase de amor romántico, predominan estimulantes naturales como la noradrenalina (o norepirefrina, es lo mismo) y la dopamina, justo en el momento en que estamos frente a la persona amada. Esta fase nos ayuda a concentrarnos en una sola persona amada cada vez, durante el tiempo necesario para conseguir la procreación.
  • Y durante la fase del apego, también se especula con que podría jugar un papel la oxitocina (al menos esta molécula causó un comportamiento de fidelidad en ratones, mientras que los bloqueantes de la oxitocina causaron un comportamiento opuesto). Esta fase nos ayuda a mantener estable la pareja durante, al menos, el tiempo necesario para la crianza de la progenie.
Se me ocurre que si se descubrieran los mecanismos específicos que asocian la liberación de norepirefrina y dopamina a la presencia del ser amado, podría desarrollarse definitivamente un filtro de amor. Quién sabe, a lo mejor es un proceso de realimentación positiva. Veamos…

Propuesta de experimento: Se toma un grupo de diabéticos solteros, y se les dice que van a participar en un ensayo de un dispositivo electrónico dosificador de insulina, permanentemente conectado a una vía venosa. La mitad de ellos es el grupo de control, y se les implanta un dosificador de insulina corriente y moliente. A la otra mitad se le instala el mismo dosificador, pero modificado de modo que, además de su función normal de inyección de insulina, es capaz de liberar una mezcla de norepirefrina y dopamina cada vez que el dispositivo detecta, por medio de un interfaz Bluetooth, la presencia cercana de un segundo dispositivo determinado (que se coloca en otro diabético del sexo afín, determinado al azar, y que está programado de la manera recíproca). Con la excusa del seguimiento, se coloca periódicamente a todos los diabéticos participantes en el experimento (incluido el grupo de control) en un entorno favorable a la interacción social (como por ejemplo, un hotel con todas las amenidades). El experimento tendría éxito si tienden a formarse las parejas determinadas por la programación de los dispositivos.

Podría hacerse un bonito cuento de ciencia-ficción estilo Greg Egan con esto… Se podría explotar el hecho de que cuando suministramos hormonas de manera artificial, el cuerpo se hace “perezoso” y deja de fabricarlas por sí mismo, con lo cual es de esperar que las parejas fracasaran al concluir el experimento, y además los sujetos que participaron se convirtieran en “inválidos para el enamoramiento” de por vida. Digamos que el protagonista es alguien que se pone a investigar por qué se enamoró tan perdidamente de aquella persona, por qué la relación fracasó, y por qué luego no fue capaz de amar de nuevo… y descubre que ha sido objeto de este experimento.

¿Qué creéis que haría esa persona al descubrirlo? Al relato sólo le falta un final chulo…

César Astudillo      2002-09-13 07:07 - antiguos

Comentarios

  1. Earful, 2002-09-13 07:22:
    Eso da para una novela, tío… ¿Puedo buscar un final? Si lo encuentro, la escribimos a medias… :)

    Por cierto: la verdadera dosis diaria es Outsider, lo noto :D
  2. Anónimo Jr., 2002-09-13 07:37:
    Visto esto a mi me asalta una duda, entonces… ¿ para que tenemos la capacidad de razonar? ... bueno … ¿ razonamos ? Me obsesiona la idea de pensar que “el libre albedrio” es una definición de la nada, entendiendo por “la nada” como; algo que es imposible que exista. ¿ No habeis tenido nunca la sensación de que lo que sois y lo que haceis no es mas que un “gran” cúmulo de consecuencias ? ...!SOY UN ROBOT!... no, no, me resisto a pensar que estos sentimientos no son mios, y nada mas que (nos os suena de algo I.A. de Stanley Kubrick)
    “Hay quien tiene el deseo de amar,
    pero no la capacidad de amar.”
    Giovanni Papini.
  3. Outsider, 2002-09-13 07:52:
    Bueno, yo creo que estos condicionantes neurológicos, al igual que otros condicionantes de nuestro propio cuerpo, pueden llegar a modular nuestra conducta en cierta forma, pero nunca nos despojan de nuestro libre albedrío. Influyen sobre nuestro yo de la misma forma que influyen otros condicionantes del entorno (por ejemplo, estar en lo que llamaríamos “una situación romántica”, como ser sorprendido por un violento chaparrón mientras estás en compañía de la otra persona), haciendo que el camino de tu albedrío esté, digamos, más cuesta abajo o más cuesta arriba. Pero el albedrío es invencible. O al menos, así me gusta creerlo.
  4. mur0, 2002-09-13 08:07:
    >>¿Qué creéis que haría esa persona al descubrirlo?

    Si fuera yo, ‘chutaría’ tremenda sobredosis a los responsables del experimento y les daría crueles calabazas.
  5. Trebol_A, 2002-09-13 08:22:
    jejeje, menudo cuento puede salir de ahí.
    Por enmedio podría llevar muchas historias, pero como preguntas por el final, y siguiendo con lo que dice Anonimo Jr, se me ocurre que al final, el protagonista, tras “apaciguar” su desolacion/furia, y tras impartir la correspondiente justicia (jeje!) se planta frente al espejo y se pregunta algo como: “Estaré siendo victima de otro experimento con Adrenalina¿?¿” ... ...
  6. Outsider, 2002-09-13 08:37:
    Me ha encantado lo de la tremenda sobredosis y las crueles calabazas :-D Y lo del final a lo Charles Bronson también…

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