La última vez (mano a mano con <a href="http://earful.bitako.com/archivo_20020601.html#20020606163718">Earful</a>)

ImagenDespués de correrse, él exhaló como un animal moribundo y dejó caer su peso sobre ella. No se besaron. Se quedaron ahí, aún acoplados, durante unos segundos conscientes, largos. Rasgado el velo del deseo, sentían el cuerpo del otro reducido a detalles sin nombre y sin historia: presión y temperatura, anónimas, solitarias. Dos pieles levemente sudorosas, aplastadas juntas sólo por una gravedad indiferente. Ninguno quiso decir nada. En ese instante, ambos sentían cómo todos los detalles de su historia, desfilando como dicen que hace la vida ante la presencia inminente de la muerte, marchaban al exilio reducidos a recuerdo, como horarios de trenes que pasaron algún día por una estación en ruinas. El sol anaranjado en el estanque. Un barrilete de helado de fresa y dos cucharas de plástico. Una caída en bicicleta. La mano de él buscando tesoros debajo del vestido. Risas entre las espigas. Piel de gallina, silencios expectantes y nerviosos. Recuerdos sin espoleta, desactivados, fósiles. Él se separó y se sentó sobre la cama. Tras el balcón, anochecía del azul al gris. Se levantó hacia el cuarto de baño. El ruido de la calle denunciaba la ausencia de palabras. Ella, mientras escuchaba el correr del agua en el lavabo, desnuda boca arriba, apartó la mirada del lento oscurecer del cielo y empezó a buscar su ropa. Cada uno de ellos, naufragado, inmensamente solo, procurando administrar la misma difícil sensación: la de haber follado con un desconocido.

César Astudillo      2002-06-06 12:39 - antiguos

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